miércoles, 17 de julio de 2013

Mi matrimonio. Relación con mis suegros... (más bien, con mi suegra). Parte II.

Al día siguiente, su madre llegó justo a tiempo para verle antes de que se lo llevaran a quirófano. Sinceramente, creo que fue lo mejor.

Mientras estaba en el quirófano, yo no paraba quieta, creo que debí desgastar el suelo de tanto paseo para arriba y para abajo. Mientras, tanto mi madre (que llegó antes que mi suegra), y mi suegra, se fueron a una salita de espera que había en la misma planta donde estaba la habitación, y se sentaron.

Entre paseo y paseo, yo las veía, porque la salita era acristalada, por lo tanto, se veía perfectamente. Mi madre y mi suegra estaban hablando..., bueno, más bien, mi suegra hablaba, y mi madre estaba sentada cruzada de brazos, y con cara de malas pulgas. Me di cuenta que algo serio debía estar pasando, cuando vi a mi madre levantarse de golpe (cosa rara en ella, porque suele hacer las cosas con mucha calma, incluso levantarse de las sillas), y levantar un dedo delante de la cara de mi suegra, como advirtiéndola de algo, y se la veía un poco alterada, y con la cara toda roja; para acto seguido, cuando acabó de decirle lo que fuese, salir toda cabreada de la salita, prácticamente dando un portazo (cosa aún más rara en mi madre, ya que tiene mucho cuidado con las cosas).

Por lo que me contó más tarde mi madre, resulta que mi suegra le estuvo contando auténticas gilipolleces memeces, pero que ya cuando le hirvió la sangre, fue cuando la muy bruja buena mujer, le dijo que por lo visto yo, ¡¡¡YO!!!, tenía mucho interés en casarme con su hijo, y cuanto antes mejor. Perdón, ¡¡¡¿COMO?!!!. ¡¡¡Pero si fuiste tú, cacho bicho encanto de mujer, quien quería cambiar de fecha el cabo de año de mi abuelo, y fuiste tú, quién dijo, que al igual que podíamos atrasar la boda, también podíamos adelantarla!!!. ¡¡¡Que parecía que eras tú la que se casaba, y tenías una prisa por casarte que p´a qué!!!. (¿Estaría intentando que mi madre y yo nos enfrentáramos?)

Cuando salió el vallecano de la operación, con el efecto de la anestesia, aún estaba bastante sedado, por lo tanto, de allí a poquito la madre se fue, y dijo que volvería al día siguiente.

Esa noche, por segunda vez consecutiva, me quedé con el vallecano a dormir en el hospital, en un sillón, cosa que no me importaba lo más mínimo, ya que era mi marido, y le quería muchísimo, y no quería dejarle sólo ni a sol ni a sombra, y mucho menos a solas con alguno de sus padres, con el tema del coche todavía en el aire.


Al día siguiente, me desperté cuando oí unos susurros. Era su madre, que le estaba diciendo en voz baja no se qué coche para arriba, no se qué coche para abajo. El pobre, que aún estaba medio dormido, sólo le decía, "Ay, mama, déjame en paz". 

Me espabilé de golpe, la enganché del brazo, y la saqué fuera de la habitación a la fuerza. Una vez fuera, le dije que si quería ver a su hijo, me parecía perfecto, pero que hiciese el favor de no decirle ni una sola palabra del coche, hasta que estuviese fuera del hospital; que él ahora lo que tenía que hacer era estar lo más tranquilo posible para recuperarse cuanto antes. Cuando ya estuviera recuperado, ya habría tiempo para hablar del coche y todo lo que les diese la gana.

Cogió y se fue, con muy malos humos. No entró ni para despedirse de su hijo. 

Por la tarde, vinieron mi madre y mi padre a ver al vallecano. Al mediodía, el médico me había dicho que si todo iba bien, al día siguiente, después de comer, se podría ir a casa.

Más tarde, estando todavía mis padres, llegaron los padres del vallecano con los abuelos (los padres de su padre). Le saludaron, le preguntaron qué tal estaba..., vamos, lo normal; pero de allí a un rato (muy poco, la verdad sea dicha), ya empezó el padre a dar por culo saco con el tema coche. Que si lleváis dos meses sin pagarlo, que claro, que así no puede ser..., y ya no pude más, antes de que tuviera la poca vergüenza de pedirle las llaves, estando todavía en el hospital, chillé "¡¡¡BASTA!!!".

Mi padre enganchó al padre del vallecano por el brazo, y le sacó al pasillo, mientras, su padre, no hacía más que decirle a mi padre que le soltara, que quién se pensaba que era, que él quería hablar con su hijo. Mi padre no dijo ni pío, hasta que le tuvo en el pasillo, un poco alejado de la puerta. Detrás del padre salieron la madre, los abuelos, y yo; y mi madre se quedó con el vallecano en la habitación. 

Entonces, en voz baja, tranquila, pero echando fuego por los ojos, mi padre le dijo que no tenía ni educación, ni vergüenza, ni dignidad, ni nada, y que parecía mentira que fuese el padre del vallecano, y no mirase más por su hijo. Que sabía de sobra que "los chicos" estaban pasando una mala época, que si acaso no recordaba que a su hijo le habían echado de la fábrica de camiones, que había estado un tiempo en paro, y que en el posterior trabajo que estuvo ganaba una porquería, vuelta otra vez al paro por 2 meses, y en el actual trabajo, como era por ETT, no ganaba demasiado, y que encima como quién dice, acababa de empezar (no habían pasado ni 2 semanas).

El padre dijo que sí lo sabía, pero que ellos no tenían por qué pagar el coche que usaba su hijo y su mujer, que si no lo podíamos pagar, y lo pagaban ellos, pues que entonces, tampoco lo íbamos a disfrutar, por lo tanto, que le diese las llaves de una puñetera vez.

Ahí, ya acabé de cabrearme del todo, y les canté tanto al padre como a la madre las cuarenta, como se suele decir. ¿Acaso no fue por ellos por lo que el vallecano puso el préstamo a 3 años en lugar de a 5, como yo le había dicho?; ¿acaso no fue la propia madre la que habló conmigo y me dijo que si en algún momento no lo podíamos pagar no pasaba nada, que lo pagaban ellos, y cuando pudiéramos, ya se lo pagaríamos?. 

Cuando el padre y la madre iban a contestar..., no sé el qué, la verdad sea dicha; mi padre les cortó, y dijo: "¡¡¡BASTA YA!!!. Cuando vuestro hijo salga del hospital, y vayáis a verle a su casa, tendréis un sobre preparado con el dinero de los dos meses que habéis pagado vosotros, y a partir de ahora, si no lo pueden pagar, yo les daré el dinero para que os lo paguen. No quiero volver a oír hablar del tema coche. Y ahora, si queréis ver a vuestro hijo, le veis, y si no, os vais, pero ni se os ocurra decirle una sola palabra del coche, porque ni mi mujer ni mi hija le han dicho nada para no preocuparle con gilipolleces chorradas cuando estaban a punto de operarle, y aún está convaleciente".

Cogieron, y se fueron, con muchos humos, y muy dignos ellos.

Entonces mi padre me echó un brazo por encima de los hombros, y me dijo: "Anda, que menuda joyita de suegros te han tocado hija, si ya te lo advertí antes de que te casaras, el mismo día que les conocí. Ya te dije que se les veía el plumero y que no eran buenas personas cariño".

Que razón tenía mi padre.





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